La ventana se abre sola, en la esquina inferior derecha de la pantalla. Un chat, pensado como ayuda. A menudo estorba y tapa contenido importante, algo muy molesto. Es una irritación que los visitantes sienten, pero que rara vez comunican. Y la investigación web habitual no pregunta por ello.
Los límites del cuestionario breve
Para muchas organizaciones, la web se ha convertido en el principal punto de contacto. Sin embargo, la investigación sobre esa web suele ser todavía modesta y se limita a unas cuantas preguntas cerradas.
No está mal, pero se queda corto. Un cuestionario así decide de antemano sobre qué puede opinar el visitante. Lo que queda fuera de la lista no se menciona. Una ventana de chat que tapa contenido importante, o tener que volver a iniciar sesión una y otra vez. Son detalles, pero justo los detalles que le importan al visitante.
Quien investiga así obtiene respuesta a las preguntas que ya tenía, y nada más.
Primero una puntuación, luego la conversación
ScoreStory lo hace de otra manera. La investigación empieza con una referencia conocida: el visitante da una puntuación, por ejemplo una nota del 1 al 10 para la web.
Después no viene una serie de preguntas fijas, sino la petición de explicar esa puntuación. ScoreStory responde a lo que escribe el visitante y repregunta: ¿qué hay detrás?, ¿hay algún ejemplo concreto? Así, un comentario suelto se convierte en un punto claro.
El efecto es que el foco cambia. No es el investigador quien decide qué es importante, sino el visitante. Es una auténtica entrevista en profundidad, mucho más libre que un cuestionario. Ese espacio permite al visitante plantear cosas que antes quedaban sin decir.
Lo que una organización haga con esas conclusiones es decisión suya. Pero la ventana de chat muestra lo pequeño que puede ser el paso. El chat se quedó; simplemente ya no se abre solo. Lo que queda es un pequeño icono, sin un gran recuadro alrededor. Quien quiere ayuda, hace clic en él. Quien quiere seguir navegando ya no pierde un trozo de pantalla.
La lección de la ventana de chat es sencilla: los visitantes suelen saber exactamente qué se puede mejorar, pero solo si se les da espacio para contarlo. Un cuestionario confirma lo que una organización ya sospechaba. Una conversación que repregunta sobre una puntuación muestra lo que todavía no sabía.